PRINCIPIO DE ESTABLECIMIENTO (pt.4): LIBERTAD DE CONCIENCIA

Por: Paul Barth
Traducido al español por: Arturo Rios

En la tercera parte consideramos la necesidad de que el Espíritu Santo forjara la Reforma y la unidad de la Iglesia y en armonía con el establecimiento de una Iglesia nacional. En este último post de nuestra serie contemplaremos los peligros del latitudinarianismo ecuménico para la unidad de la Iglesia y responderemos a las objeciones relacionadas con la persecución y la libertad de conciencia.

El latitudinarianismo y la unidad de la Iglesia

La unidad de la Iglesia es de vital importancia, sin embargo, no siempre es una virtud ni una marca infalible de una iglesia verdadera y pura. La Iglesia Católica Romana, por ejemplo, se jacta de la unidad, pero es radicalmente corrupta y apóstata. “La verdad es demasiado importante como para ser asesinada en las calles por el bien de la paz” (R.C. Sproul). “Se nos exhorta a ‘seguid la paz con todos’, no de manera total, sino que sólo en la medida en que sea consistente con la ‘santidad’ y pueda ser lícitamente practicada (Hebreos 12:14)” (M’Crie, The Unity of the Church, pg. 96).

“[El latitudinarianismo] proclama una indebida libertad en materia de religión, una libertad en la que las personas pueden apropiarse de ella o dársela a otros. Sus partidarios toman en consideración las diferencias que existen entre los distintos grupos religiosos y se esfuerzan por unificarlos en torno a los principios que les son comunes y en los que ya están de acuerdo, de este modo se consigue enterrar el resto en el silencio, o bien se fomenta la tolerancia y la mutua comprensión de todo lo que les parezca diferente en la teoría y en la práctica.. . .”[Es] un principio de diformidad? Multiformidad? (es decir, diversidad de formas) que, aunque es agradable al sistema del politeísmo, es radicalmente opuesto a una religión que se basa tanto en la unidad de la naturaleza y la voluntad divina como en una revelación que nos enseña lo que debemos creer sobre Dios y el deber que Él nos demanda”. Thomas M’Crie, The Unity of the Church, pg. 108.

El latitudinarianismo “ataca los principios radicales de la unidad de la Iglesia, y consolida el cisma mediante el derecho” (M’Crie, La Unidad de la Iglesia, pg. 115). En el sistema latitudinario, “La iglesia más fiel, y que ha hecho los mayores progresos hacia la reforma, siempre ha de ser la que pierde, sin tener la dicha de que haya transmitido algún bien a sus nuevos miembros. Corresponde a su profesión y sus gestiones rendirse, y reducir su estándar al de las asociaciones deficientes y no reformadas. Y así, mediante un proceso opuesto al mencionado por el Apóstol, aquellos que han construido sobre los cimientos de “oro, plata, piedras preciosas”, son los que  “sufrirá[n] pérdida” (1 Cor. 3:12, 15)”. Thomas M’Crie, The Unity of the Church, pg. 116.

¿Persecución hacia los Hermanos Cristianos Disidentes?

La objeción más común a la doctrina del Establecimiento es que resultaría en la persecución de los cristianos que no podrían, en buena conciencia, conformarse a cada jota y tilde de la confesión nacional, como los bautistas que no quieren que sus hijos sean bautizados en la Iglesia establecida. Pero esta idea es infundada en varios sentidos.

1. La libertad de conciencia no se debe mezclar con la permisividad latitudinal.

“La tolerancia y la libertad de conciencia es un grito de guerra muy práctico y eficaz. Sin embargo, el intento de probar el hecho de que el sistema de la Iglesia Nacional viola los derechos de los individuos es una visión sin fundamento, ya que se basa en el desconocimiento de los justos derechos de conciencia y en una extraordinaria confusión de ideas sobre qué es lo que constituye una verdadera violación de estos derechos.” William Balfour, Establishment Principle Defended, pg. 58.

El establecimiento del que se habla ahora debe ser considerado como una concesión de privilegios adicionales para algunos, pero no como un deterioro de los privilegios naturales y comunes de la totalidad” (Gib, Display, vol. ii. Append. iii. pg. 403). El hecho de que alguien disienta de la Iglesia nacional y, por tanto, elija separarse de la membresía no constituye un acto de persecución.  Deberán asistir al culto del día de reposo y observar los medios de gracia presentados a través de la palabra y los sacramentos, no obstante, si no pueden cumplir con los votos de afiliación, no podrán ser miembros y, por ende, no podrán ser ciudadanos de la nación pactante, pero podrán vivir libremente y realizar sus actividades legítimas. Básicamente, ésta es la forma en que ha funcionado para la mayoría de los bautistas que asisten a las iglesias presbiterianas pero que no consiguen ser miembros con una conciencia tranquila, y sin embargo eligen voluntariamente esa opción en lugar de asistir a una iglesia bautista Arminiana (no obstante, algunas congregaciones permiten pecaminosamente a aquellos hagan “menosprecio o descuido” [CFW 28:5] la ordenanza del bautismo infantil, esta tema se trata aquí). Todo esto no es muy diferente en un contexto del establecimiento de la Iglesia nacional.

“La Confesión de Fe ha sido a menudo acusada de defender principios intolerantes y de persecución. Sin embargo, en realidad, está igualmente libre de un laxismo latitudinal por un lado, y libre de la intolerancia por el otro. Una inteligente y sincera lectura del capítulo 20, “De la libertad cristiana y de la libertad de conciencia”, puede refutar por sí misma todas estas calumnias. La mente del hombre nunca ha producido una proposición más verdadera o más noble que la siguiente:
“Dios es el único Señor de la conciencia, por tanto, en asuntos de fe y adoración, la ha dejado libre de doctrinas y mandamientos humanos”. . .”Muchos parecen pensar que por libertad de conciencia se entiende que cada hombre debe ser libre de actuar de acuerdo con su propia voluntad, sin tener en cuenta los sentimientos, las convicciones y los derechos de los demás. Esto sería, en efecto, convertir la libertad en anarquía, y hacer de la conciencia un libertinaje. Pero la Confesión parte del principio de que la verdad puede distinguirse del error, el bien del mal; así, aunque la conciencia se vea obligada, puede ser iluminada; para que cuando exista pecado, corrupción y propensión al libertinaje, los hombres puedan ser detenidos para no incurrir en tales desviaciones, las cuales son ofensivas para el sentimiento público y perjudiciales para el bienestar moral de la comunidad”. Robert Shaw, An Exposition of the Westminster Confession of Faith, pgs. 22-23.

El gobierno civil no puede permitir que la gente haga algo contra la ley moral de Dios, porque eso no es la verdadera libertad:

“Es absurdo suponer que Dios puede dar a los hombres un poder que él mismo no tiene; y es una blasfemia terrible suponer que él es capaz de dar a los hombres un derecho y una autoridad para despreciar o contrarrestar su propia ley como su regla, o su propia gloria cómo su fin principal, en todo lo que hacen”(2 Tim. 2:13; Hab. 1:12, 13; Éxodo 15:11; Deut. 32:4; Sof. 3:5; Santiago 1:13).
. . .
“Si la magistratura, la conciencia y los derechos humanos, naturales y civiles, se derivan todos de Dios, como todos han de admitir, excepto los ateos, los magistrados no pueden tener ni más poder ni autoridad para tolerar el pecado, del que Dios mismo puede exigir. Si Dios, en virtud de la infinita perfección de su naturaleza, no tiene voluntad, ni poder, para proclamar con autoridad la libertad para cometer pecado, no puede comunicar tal poder al magistrado. Tampoco puede el magistrado atribuir a Dios el excederse en su poder al autorizar lo que le es infinitamente dañino… Si la conciencia deriva todo su poder de Dios, no tiene… poder para ordenar algo pecaminoso… Si todos los derechos humanos se derivan de Dios, el propietario principal y supremo de todas las cosas, entonces es imposible que él pueda autorizar a los hombres a inventar o cometer algo pecaminoso, para protegerlos después”.

John Brown of Haddington, The Absurdity and Perfidity of All Authoritative Toleration of Gross Heresy, Blasphemy, Idolatry, and Popery, pgs. 7 & 25.

2. La suscripción total no es necesaria para ser miembro de la Iglesia o ciudadano de la nación.

Una estricta norma confesional no era la base de la ciudadanía en Israel, la nación pactual prototipo. La estricta suscripción a la confesión nacional debía ser requerida para ocupar un cargo civil o eclesiástico, pero no era necesaria para ser miembro de la congregación o ciudadanía de la nación del pacto. Por lo general, los presbiterianos han tenido un estándar más alto para el acceder a la Mesa del Señor que para ser miembro. Los teólogos de Westminster exigieron una suscripción no tan estricta a la confesión para el acceso a la Mesa del Señor, e incluso menores requisitos para la membresía de la iglesia (uno puede ser miembro, aunque suspendido de la Cena del Señor por un tiempo, cf. CFW 30:4). En consecuencia, todas las personas que viven en una nación cristiana con un pacto no se verían obligadas a ser miembros de la Iglesia visible, si no pueden someterse a conciencia a la doctrina, la práctica, el gobierno y la disciplina de la Iglesia, entonces no pueden ser miembros, pero aun así pueden venir y escuchar la Palabra predicada. La ciudadanía en una nación cristiana que ha entrado en un pacto requiere de la membresía de la Iglesia, pero no de una suscripción plena. Si existe algo que no es bíblico en la Confesión, se debe resolver antes del establecimiento por medio de la Reforma, y también después, en la nación del pacto, mediante las asambleas de la Iglesia.

En el Antiguo Testamento, Dios no permitió que la gente “menospreciara o descuidara” la señal del pacto y no lo permite hoy en día (Génesis 17:14; Éxodo 4:24-26; Hechos 10:47). ” Dado que ninguno de nosotros sugeriría seriamente que la circuncisión era simplemente un rito voluntario de ingreso a la iglesia del Antiguo Testamento, ¿en qué nos basamos para hacer tal distinción con respecto al bautismo? Los dos ritos nos llegan por orden directa de Dios, y la narración de que Dios casi le quita la vida a Moisés en Éxodo 4 porque no circuncidó a su propio hijo debería servir como una urgente advertencia contra nuestro descuido del Bautismo” (Holstrom, Baptism and Church Membership: A Plea for Confessional Fidelity).

“El Señor, (Sal. 50:16), prohíbe a los impíos que siguen en su hipócresía tomar el pacto del Señor en su boca, pero no dice, por lo tanto, que prohíbe a la Iglesia recibir como miembros a cualquiera que no alcance  a ver todos sus pecados y a reformar sus malos caminos, porque si los que abandonan los caminos del paganismo, el judaísmo, el papado y los caminos del pecado, profesan que están dispuestos a ser discípulos de Cristo, si la profesión no es grosera y notoriamente falsa, y que su venida que no sea para fines secundarios o la traición de la causa, sino moralmente ingenua y con negación sincera, la Iglesia debe recibirlos, y no está prohibida de admitirlos como miembros, ya sea que para el conocimiento de la Iglesia sean verdaderos conversos o no. Concedo que es otra cosa, si se niegan a venir y a ser bautizados (Lucas 7: 29-30; Lucas 14: 17-18). Ningún hombre puede ser miembro de la Iglesia contra su voluntad. El Señor bien puede reprender al Mago y a Judas mientras son miembros de la Iglesia, de la misma manera que reprende a los hipócritas (Sal. 50: 16-17), y les dice lo que deben hacer para declarar sus estatutos, etc. porque conozco vuestros corazones, cuánto aborrecen la instrucción, etc. y sin embargo la Iglesia no peca al admitirlos… Este llamado activo [por Dios en la Palabra predicada] puede ser rechazado, y los que la rechazan nunca serán la Iglesia, (Lucas 14: 16-17) ni miembros visibles, ellos visiblemente rechazan el llamado y consejo de Dios y descuidan obstinadamente el bautismo (Lucas 7:30). “

Samuel Rutherford, Survey of the Survey of that Summe of Church-Discipline Penned by Mr. Thomas Hooker, pgs. 15-16.

3. La reforma tendrá que llevarse a cabo en la nación antes de que se establezca la Iglesia, y, por lo tanto, existirá mucha menos desunión en la Iglesia.

En la tercera parte se trata este tema. El establecimiento de la religión no puede ser concebido en un contexto sin el Espíritu Santo forjando la Reforma en la Iglesia y en la tierra. Las profecías de la Escritura enseñan con claridad que habrá una edad de oro en la que el Evangelio prosperará y en la que habrá unidad eclesiástica.
Es irresponsable pensar que el Principio de Establecimiento se instaure tal y como están las cosas en la actualidad, esta visión es intrínsecamente escatológica y requiere que ocurran muchas cosas antes de que sea una realidad.


Esto puede parecer un sueño utópico, pero estamos convencidos de que el tema es bastante claro en las propias Escrituras por lo que, ¿quiénes somos nosotros para dudar de la Palabra de Dios basándonos en lo que pasa a nuestro alrededor en este momento? “…cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.” (Santiago 4:14). Por otra parte, no estamos simplemente esperando un reavivamiento o intentando determinar si ha habido el suficiente reavivamiento para ver si podemos establecer la Iglesia. La expansión del Reino de la Gracia debe ser una tarea vigorosa, ya que el Cordero que fue inmolado es merecedor exclusivo de la adoración de cada criatura de la tierra y  no dudamos de que Él tendrá un gran éxito, aún cuando no seamos testigos de esto en nuestras propias vidas. El futuro de nuestra escatología no es sólo lejano, sino que es progresivo y siempre está en crecimiento; hemos de tener la esperanza en la trasformación.

Si Jehová no edificare la casa,
En vano trabajan los que la edifican;
Si Jehová no guardare la ciudad,
En vano vela la guardia.”
Salmo 127:1 (RV1960)

Jehová de los ejércitos juró diciendo: Ciertamente se hará de la manera que lo he pensado, y será confirmado como lo he determinado; que quebrantaré al asirio en mi tierra, y en mis montes lo hollaré; y su yugo será apartado de ellos, y su carga será quitada de su hombro. Este es el consejo que está acordado sobre toda la tierra, y esta, la mano extendida sobre todas las naciones. Porque Jehová de los ejércitos lo ha determinado, ¿y quién lo impedirá? Y su mano extendida, ¿quién la hará retroceder?”
Isaías 14:24-27 (RV1960)

4. Una iglesia nacional correctamente aprobada debe seguir el proceso eclesiástico establecido en las Escrituras y ser conducida por el Espíritu Santo para que los casos difíciles e incorregibles, que requieren la intervención del magistrado civil, no sean difíciles de resolver.

“Para lograr mejor estos fines, los oficiales de la iglesia deben proceder por la amonestación, por la suspensión del sacramento de la Santa Cena por un tiempo, y por la excomunión de la iglesia, según la naturaleza del crimen y la ofensa de la persona.(1 Tesal. 5:12; 2 Tesal. 3:6,14,15; 1 Corintios 5:4,5; 13; Mateo 18:17; Tito 3:10.)”

Confesión De Fe De Westminster,  30:4

Los errores religiosos deben ser corregidos por medios espirituales, es decir, mediante la disciplina de la Iglesia visible, “la disciplina espiritual, si se aplica y se ejerce con libertad, lograría ese fin tan deseable, sin la interferencia de ninguna violencia secular”.(M’Crie, The Unity of the Church, pg. 187). El teólogo de Westminter Robert Baillie explica los beneficios prácticos de tener una iglesia presbiteriana establecida en la tierra:

” Y ahora, sí, cada monstruo camina en la calle sin control, mientras que todos los gobiernos eclesiásticos se hallan dormidos; este gobierno demasiado dilatado en el tiempo junto con la más simple anarquía se ha convertido en una invitación para que cada criatura inmunda salga de su cueva y muestre en público su aspecto deformado a todos los que se complacen en admirarlo.

“Pero, si una vez que el gobierno de Cristo se estableciera entre nosotros, como en el resto de las iglesias reformadas, no sabemos qué le impediría, con la sola espada de Dios, sin ninguna violencia secular, desterrar de la tierra estos espíritus de error, con toda la mansedumbre, humildad y amor, por la fuerza de la verdad que convence y satisface las mentes de los engañados.

“Nunca los tribunales episcopales han estado preparados para recuperar a la gente; sus prisiones, sus multas, sus picotas, sus cortes de nariz, sus cortes de orejas, sus quemaduras en las mejillas, no hicieron más que mantener la llama para que estallaran a tiempo con mayor furia.”

Pero el Presbiterianismo Reformado procede con un enfoque espiritual apropiado para ganar los corazones; proceden hacia la parte ofensora con todo respeto, y con todo el tiempo que se requiera, nombrando primero a los Pastores y Ancianos más idóneos en los alrededores, para que le hablen e instruyan en privado: si esta diligencia no se lleva a cabo, entonces se le convoca ante el Consistorio de su Congregación; Allí, mediante amonestaciones, instrucciones, correcciones y todos los medios que el Evangelio señala, se ocupan de él con toda tranquilidad, durante semanas y meses, y a menudo meses y años, antes de que se aproximen a cualquier censura, y en caso de que así sea, recae sobre ellos la ineludible obligación de desenvainar la terrible espada, su proceder también aquí debe ser tan calmado y con una sensible pena y amor a la parte en cuestión, con temor y devoción ante Dios, que es una excepcional particularidad para ellos ver un corazón tan firme que no se derrumba ni cede antes de que se le dé el golpe. Las excomuniones son tan extrañas en todas las Iglesias Reformadas, que un hombre en toda su vida apenas atestigua una en toda la provincia, y de los que resultan muertos por esa temible espada, son muy pocos los que caen en manos del Estado para sufrir algún inconveniente de carácter civil.

“Esto no es una profecía, sino una predicción racional basada en razones y en una experiencia reiterada: Una vez que Inglaterra sea apoyada mediante sus poderes superiores, gozará de la justa y necesaria libertad que tienen los Consistorios para las Congregaciones, los Presbiterios para los Condados, los Sínodos para las grandes regiones y las Asambleas Nacionales para todo el país, dado que Escocia ha gozado hace mucho tiempo con el apoyo unánime del Rey y del Parlamento, sin el menor perjuicio para el Estado civil, sino para su evidente y reconocido beneficio; O como los mismos protestantes en Francia, mediante el permiso del Estado y del Rey, han disfrutado de las cuatro cortes espirituales durante los últimos ochenta años y mucho más: Pongamos estos santos y divinos instrumentos en manos de la Iglesia de Inglaterra, y con la bendición de Dios, el doloroso y gran mal que tantas herejías y cismas han causado se curará rápidamente, lo que no sólo perturba la paz y el bienestar, sino que pone en peligro la subsistencia de la Iglesia y el Reino: Sin este medio, el Estado se esforzará en vano por curar estas enfermedades espirituales”.
Robert Baillie, A Dissuasive From the Errors of the Time (1646), pgs. 7-8.

La población del país nunca jamás debe ser forzada a creer, ya que sólo las acciones externas pueden ser impuestas y castigadas por el gobierno civil. Cristo ha dotado a su Iglesia de las herramientas necesarias para tratar con asuntos espirituales, y no el Estado.

“Cuando una determinada profesión o confesión de fe, la forma de culto y el gobierno eclesiástico son aprobados formalmente por la autoridad civil, el poder legislativo los reconoce como declarativos de la religión que ha obtenido el apoyo y el respaldo de las autoridades nacionales, y según los cuales se han de otorgar y gozar de una serie de privilegios y beneficios legítimos dedicados para tal fin. Sin embargo, esto no significa de ninguna manera que todos estén obligados, bajo pena civil o castigos, de conformarse al establecimiento por disentir de él. Existe una gran y esencial distinción entre el ejercicio del poder de coacción sobre la religión, y la coacción en la religión”.
Thomas M’Crie, Brief View of the Evidence for the Exercise of Civil Authority About Religion

Conclusión

En conclusión, podemos ver que el Principio de Establecimiento se trata de que el Gobierno Civil instaure y apoye a la Iglesia como una institución y no como una entidad abstracta e invisible, así como que el Establecimiento no es Erastianismo y no es una Eclesiocracia. Hemos examinado muchas profecías sobre la era del Nuevo Pacto y vimos que “todo el contenido de las declaraciones, promesas y predicciones del Antiguo Testamento, llevan a la conclusión de que el cristianismo será reconocido, aceptado y apoyado a nivel nacional”.  (M’Crie, Statement of the Difference…) y que debe ser precedido por la Reforma y una obra del Espíritu Santo para que sea eficaz y piadoso. La Iglesia deberá estar unida en doctrina, culto, gobierno, piedad y práctica.  Hemos visto que  el gobierno de la Iglesia Presbiteriana es de derecho divino y el latitudinarianismo es una enfermedad para la unidad de la Iglesia. Por último, vimos que la persecución de los hermanos disidentes es un mito equivocado y se basa en “el desconocimiento de los justos derechos de conciencia y en una extraordinaria confusión de ideas sobre qué es lo que constituye una verdadera violación de estos derechos.”

Disponible en inglés en: https://purelypresbyterian.com/2016/07/21/establishment-principle-4-liberty-of-conscience/

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