PRINCIPIO DE ESTABLECIMIENTO (pt.1): QUÉ ES Y QUÉ NO ES

EL PRINCIPIO DEL ESTABLECIMIENTO (pt.1): QUÉ ES Y QUÉ NO ES.

Por: Paul Barth.
Traducido al español por: Carlos J. Alarcón Q.

En la primera parte de las cuatro de nuestra serie sobre el Principio del Establecimiento, veremos qué es el Principio del Establecimiento y cómo se relaciona con la naturaleza de la Iglesia y con lo que no es. En la segunda parte, demostraremos el principio de establecimiento de las muchas profecías de las Escrituras. En la tercera parte aclararemos, en un nivel práctico y espiritual, lo que debe ocurrir antes de, y en armonía con, cualquier establecimiento de religión. Finalmente, en la cuarta parte analizaremos los peligros del latitudinarismo ecuménico para la unidad de la Iglesia y responderemos las objeciones con respecto a la persecución y la libertad de conciencia.

Anteriormente hemos escrito sobre el pacto nacional, el deber de las naciones de hacer un juramento de fidelidad a Cristo, defender Sus leyes y, servir como ayos (Isa. 49:23; 60:16), establecer la Iglesia visible y buscar avanzar, apoyarla y protegerla. Las naciones son la “herencia” de Cristo y están obligadas a “servir al Señor con temor” y a “besar (honrar) al Hijo” para que no las desmenuce “como vasija de alfarero” (Sal. 2:9). “Bienaventurada la nación cuyo Dios es Jehová, El pueblo que él escogió como heredad para sí.” (Sal. 9:17). “Bendita la nación cuyo Dios es el Señor; y el pueblo que él escogió para su propia heredad” (Sal. 33:12). “yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco.” (1 Sam. 2:30).

“¿No pone el liderazgo supremo de Cristo sobre las naciones a los [gobernantes civiles] bajo la solemne obligación de rendir la debida lealtad al Príncipe de los reyes de la tierra?

“Seguramente. Las naciones, al ser súbditos morales del Redentor (Sal. 43:1; Isa. 10:6; Ez. 2:3), están obligadas a tomar Sus leyes como la norma suprema del bien y del mal (Deut. 4:5-8; 17; 18-20; Josué 1:8); respetar las calificaciones morales y religiosas de aquellos que ocupan lugares de poder y confianza en la nación (Éx. 18:21; Deut. 1:13; Ecl. 10:16; 2 Sam. 23: 3); jurarle lealtad; y apuntar a Su gloria en todo lo que hacen – el gobernante gobernando en el temor del Señor, y los gobernados teniendo respeto a Cristo en su lealtad civil. (2 Sam. 23:3; Rom. 13:1-7)”.

Samuel Simms, Catechism of the Principles and Position of the Reformed Presbyterian Church (Catecismo de los Principios y Posición de la Iglesia Presbiteriana Reformada)

El Principio de Establecimiento es la doctrina de que el Estado debe reconocer la autoridad de Cristo sobre todas las cosas y establecer la Iglesia visible dentro de la nación, en la cual “Iglesia y Estado son poderes coordinados (en un nivel igual, con jurisdicciones separadas) bajo la autoridad de la Palabra de Dios, que el Estado tiene la obligación de profesar, proteger y promover la verdadera religión, defender civilmente los 10 Mandamientos, y que la Iglesia, manteniendo su existencia y gobierno por Derecho Divino, debe hablar la Palabra de Dios al Estado y mantenerlo bajo control” (Reformed Books Online, The Establishment Principle).

“Reconocer la verdad de Dios y rendir el homenaje de un reconocimiento formal y público a esa Iglesia que Él ha establecido en la tierra, es un deber, como creemos, de obligación universal, que debe cumplir un Estado cristiano en todo momento y en todas las circunstancias”.

James Bannerman, Church of Christ, sección III.

Antes de que podamos profundizar en la naturaleza del establecimiento, debemos considerar brevemente la naturaleza universal y presbiterial de la Iglesia.

LA IGLESIA ES UNA ENTIDAD INSTITUCIONAL SINGULAR

“La Iglesia Cristiana no es una institución arbitraria de hombres, no una mera asociación voluntaria de cualquier número de personas, para cualquier propósito y en cualquier término, que les pueda parecer bueno; ni su comunión ha quedado vaga e indeterminada por las leyes de su Fundador”.

Thomas M’Crie, The Unity of the Church, pág. 95.

Cristo no solo intercede por los santos mientras está sentado a la diestra de Dios el Padre en las alturas, sino que también “reúne y defiende su Iglesia y somete a sus enemigos; da a sus ministros y al pueblo dones y gracias” (Catecismo Mayor Westminster p. 54; Sal. 68:18; Ef. 4:8). En parte, estos dones que el Señor Jesús proporcionó a la Iglesia visible se explican en Ef. 4:11, “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros”; Es decir, “las funciones eclesiásticas, en parte extraordinarias y por un tiempo, como apóstoles, profetas, evangelistas y en parte ordinarias y perpetuas, como pastores y doctores” (nota GNV). Estos oficios se dan para los siguientes tres propósitos, “Para la perfección de los santos, para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo“: y con el fin de que “Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y el conocimiento del Hijo de Dios”. (Para conocer la importancia de la colocación de comas en Efesios 4:12 y un argumento a favor de la interpretación tradicional de este versículo contra la mala interpretación moderna, vea aquí.

La Iglesia no solo es invisible y consiste “en el número total de los elegidos” (CFW 25:1), también es visible y católica (es decir, universal), las iglesias locales no son entidades institucionales distintas entre sí, sino varias partes integrales de una entidad institucional universal y visible. Cristo gobierna Su reino de gracia no solo espiritualmente como Señor y Salvador de los elegidos, sino también en las ordenanzas, la adoración y el gobierno que ha instituido para la Iglesia visible, “dándoles oficiales, leyes y censuras, mediante las cuales él visiblemente los gobierna” (C.MaW. p. 45); En la segunda petición del Padre nuestro oramos, entre otras bendiciones relacionadas con el avance del reino de Cristo, que la Iglesia pueda ser “provista de todos los oficiales y ordenanzas del evangelio, purificada de corrupción, aprobada y mantenida por el magistrado civil” (C.MaW. p. 191). Cristo ha instituido Su Iglesia visible para que sea “un cuerpo” con Cristo como Cabeza y pastores, ancianos, doctores y diáconos como oficiales en la Iglesia con varios roles y autoridad sobre la congregación (para un relato más detallado, vea The Westminster Form of Presbyterial Church-Government).

Los oficiales gobernantes (es decir, pastores y ancianos) se reúnen a nivel 1) de la congregación (Mateo 18:15-20); 2) de la ciudad o condado (Presbiterio), que incluye muchas congregaciones, como las iglesias de Jerusalén (Hechos 8:1), Antioquía (Hechos 13:1), Éfeso (Hechos 20:17) y Corinto, (1 Cor. 1: 2); 3) de la región, que incluye muchos presbiterios; 4) de la nación, como la Asamblea de Westminster; y si es necesario, 5) internacional, como el Concilio de Jerusalén en Hechos 15, el Concilio de Nicea y el Sínodo de Dordt; la autoridad de las asambleas aumenta acumulativamente con respecto a la representación de un mayor número de iglesias, no según la autoridad jerárquica en el oficio mismo (como en el episcopado), donde las asambleas inferiores están subordinadas a las asambleas superiores (Hch 15,31; 16:4-5). Todo oficial gobernante tiene la misma autoridad y la de Cristo mismo a través de la ordenación de oficiales anteriores (Mateo 28:18-20; 1 Timoteo 4:14; Heb. 5: 4). “Los gobernadores de la iglesia actúan inmediatamente como siervos de Cristo, y como él los designa” en lugar de delegados de la congregación (Jus Divinum).

“¿Dónde está la autorización divina para un sínodo eclesiástico?

“En Hechos 15 y 16, donde tenemos una causa referida; los miembros apropiados de un sínodo convocados; el poder ordinario e igual que ejercen todos esos miembros; el método ordinario de procedimiento en dichos tribunales; y los decretos judiciales dictados por el sínodo; junto con el efecto que su juicio, en este asunto, tuvo sobre las iglesias “.

Jus Divinum Regiminis Ecclesiastici, Apéndice.

En la Oración del Sumo Sacerdote de Cristo, “Nuestro Señor llega tan lejos como para comparar la unidad de la iglesia con la unidad que existe en la Deidad: ‘para que todos sean uno; como tú, oh, Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. (Juan 17:21)’” (A Presbyterian Slea, pt. 1).

“La Iglesia visible, que también es católica o universal bajo el evangelio (no confinada a una nación como antes bajo la ley) consiste en todos aquellos, en todo el mundo, que profesan la verdadera religión (Sal. 2:8; Rom. 15:9-12; 1 Cor. 1:2; 12:12-13; Ap. 7:9) y de sus hijos; (Gén. 3:15; 17:7; Ez. 16: 20-21; Hechos 2:39; Rom. 11:16; 1 Cor. 7:14) y es el reino del Señor Jesucristo, (Isa. 9:7; Mat. 13:47) la casa y la familia de Dios, (Ef. 2:19; 3:15) De la cual no hay posibilidad ordinaria de salvación (Hechos 2:47).

“A esta Iglesia católica visible Cristo ha dado el ministerio, los oráculos y las ordenanzas de Dios para la reunión y perfeccionamiento de los santos, en esta vida, hasta el fin del mundo; y por su propia presencia y Espíritu, según su promesa, hacerlos efectivos para ella (Isa. 59:21; Mat. 28:19-20; 1 Cor. 12:28; Ef. 4:11-13)”.

Confesión de Fe de Westminster 25:2-3

La eclesiología determina en gran medida la relación entre Iglesia y Estado. Un establecimiento latitudinario del cristianismo tendría sentido si la Iglesia fuera una colección desarticulada de congregaciones independientes o si Cristo hubiera dado un tremendo grado de laxitud en la forma en que la Iglesia debería organizarse y disciplinarse. Sin embargo, lo contrario es cierto, el gobierno de la iglesia presbiteriana solo es de derecho divino, y cada iglesia debe tener el tipo de gobierno que el Señor Jesús estableció para Su Iglesia, que es el presbiterianismo.

UNA MORADA HOSPITALARIA PARA LA IGLESIA

Ahora que hemos visto cómo la Iglesia es una institución singular, podemos comprender mejor los deberes del magistrado civil con respecto a Ella. El teólogo luterano Johannis Gerhardi explica:

“El fruto que surge de la conversión de reyes y príncipes a la iglesia, no consiste solo en esto, que provoquen a otros con su ejemplo a abrazar el evangelio de Cristo; sino también, porque llevan a sus súbditos a Cristo; proporcionar una morada hospitalaria a la iglesia en sus dominios y, por su autoridad, promover la propagación del evangelio”.

Loci Theologici (1657), Tom. vii, pág. 578.

El magistrado civil debe “apoyar y mantener” a la Iglesia institucional visible (C.Ma.W. p. 191), no a una entidad invisible. El magistrado tiene la autoridad y el deber de asegurar “que la unidad y la paz se conserven en la Iglesia, que la verdad de Dios se mantenga pura y completa; que se supriman todas las blasfemias y herejías; todas las corrupciones y abusos en el culto y la disciplina prevenidas o reformadas; y todas las ordenanzas de Dios debidamente establecidas, administradas y observadas”, así como el poder de convocar sínodos (CFW 23:3), y de acuerdo con su lugar y llamado, hacer votos a Dios y detestar, oponerse y remover todo culto falso y todos los monumentos de idolatría (C.Ma.W. p. 108). Establecer el cristianismo ecuménico de manera abstracta sería aprobar y mantener el cisma, no la Iglesia que es “un solo cuerpo“. La nación como nación debe ser incorporada a la Iglesia (Sal. 22:27-28) así como las familias como familias se unen a la Iglesia visible (Génesis 18:19; Hechos 16:31). Por eso un reconocimiento latitudinario de la religión es insuficiente. El magistrado debe reconocer y apoyar a la Iglesia visible como institución, no simplemente tolerar versiones multitudinarias del cristianismo.

“Los magistrados civiles deben alentar y proteger a la iglesia y, al hacerlo, pueden, en su puesto, actuar de una manera similar a los padres y maestros en lo suyo. Mediante el ejercicio apropiado de su poder civil, y por el bien de la comunidad, deben prevenir y eliminar la persecución, la blasfemia, la idolatría, la superstición, la herejía y cualquier otra cosa que tienda a obstaculizar la adoración pura de Dios, Isa. 49:23; 60:3,10,16; Rom. 13:3-4; 1 Tim. 2:2; 2 Crón. 15: 8,16; 17:3-10; 31:1; 33:15; 2 Reyes 18:4; 23.

—Deben preservar para la iglesia la plenitud del poder espiritual que le permitió Cristo; y proporcionando lugares de instrucción y mantenimiento para los pastores y otros instructores, y alentando las leyes y su propio ejemplo, deben promover la administración y la atención a las ordenanzas del evangelio, 2 Crón 15: 9-16; 20:7-9; 17; 29-31; 34-35; Deut. 17:18-20; 1 Crón 22-25; Neh. 13:10-14.

—Como jefes de familia deben promover principios sanos y prácticas santas en sus familias, — los magistrados deben promover y establecer la reforma de la doctrina, el culto, la disciplina y el gobierno de la iglesia en sus dominios, como un medio para promover su felicidad. Y con este fin, puede convocar sínodos de funcionarios de la iglesia para arreglar y gobernar sus asuntos de acuerdo con la palabra de Dios, Éx. 32; Jos. 23-24; 2 Reyes 18:4-7; 2 Reyes 12; 2 Reyes 22-23; 2 Crón. 15; 2 Crón. 17; 2 Crón 34-35; 1 Sam 7:6; 2 Crón. 20: 3; Jon. 3:7; Esd. 8:21.

—Por su autoridad civil, deben hacer cumplir sus leyes o constituciones que estén garantizadas por la palabra de Dios; ya que observarlas tiende a promover el bienestar de la nación, y debería estimular a sus gobernantes y miembros a un desempeño externo de su deber por todos los métodos que sean agradables al evangelio; y debe castigar las violaciones manifiestas de la ley de Dios, como delitos que deshonran a él, de quien son delegados, y traen una maldición sobre la república, 2 Crón. 15; 30-31; 34-35; Neh 13; Dan. 3:28-29; 6:26-27; Dt. 21:18-21; Gén. 9:6; Núm. 35:30-32; Núm. 15:30-36; Job 31:9,11; Lev. 20:11-25; Éx. 22:1-15; Dt. 19:16; 13:1-6; 17:1-8; Lev. 17:2,8; 2 Crón. 15:13,16; Job 31:26-28; Lev. 24:15-16; Rom. 13:3-4; 1 Ped. 2:13-14; Heb. 10:28”.

John Brown de Haddington, Systematic Theology, Libro VII, Capítulo 2, págs. 559-560.

EL PRINCIPIO DEL ESTABLECIMIENTO NO ES NI ERASTIANO NI ECLESIOCRÁTICO

El establecimiento de la religión no debe confundirse con el control de la Iglesia por parte del Estado, es decir, el magistrado civil (que es el erastianismo, el error anglicano) en un extremo, o el control del Estado por la Iglesia (que es la eclesiocracia, el error papista) en el otro extremo. Nuestra confesión niega explícitamente ambos extremos y sostiene una estricta separación institucional y jurisdiccional de la Iglesia y el Estado, el Estado solo tiene poder circa sacra (sobre asuntos religiosos) en lugar de in sacris (en asuntos religiosos). “Los sínodos y concilios no deben tratar o concluir nada más que lo que es eclesiástico; y no deben inmiscuirse en los asuntos civiles que conciernen a la Nación, a menos que sea mediante humilde petición en casos extraordinarios; o a modo de consejo, para satisfacción de conciencia, si el magistrado civil lo requiere (Lucas 12:13-14; Juan 18:36)” (CFW 31:5). “El Señor Jesús, como rey y cabeza de su Iglesia, en él ha designado un gobierno en manos de los oficiales de la Iglesia, distinto del magistrado civil” (CFW 30:1). “Él [es decir el magistrado civil] puede ejercer política y externamente su poder sobre objetos o asuntos espirituales, pero no espiritual, internamente, formalmente actuar ningún poder en la Iglesia. Puede actuar en los asuntos de la Iglesia como lo hicieron Asa, Josafat, Ezequías, Josías, no como lo hicieron Coré, Saulo, Uza o Uzías” (Jus Divinum, pág. 77). No es una excusa legítima para argumentar en contra del principio de establecimiento simplemente porque ha sido distorsionado y abusado en el pasado; “No es razonamiento justo, argumentar desde el abuso de cualquier cosa, en contra de su uso”.

El magistrado civil no puede asumir la administración de la Palabra y los sacramentos; o el poder de las llaves del reino de los cielos” (CFW 23:3). El gobierno civil no puede ordenar ministros o insertarlos en congregaciones, “puede otorgar y proteger el ejercicio público de ese poder dentro de sus dominios, pero la designación de personas particulares para el cargo y poder es de la Iglesia, la donación del cargo y poder sólo de Cristo mismo” (Jus Divinum, pág. 78).

“Según nuestra Confesión, el magistrado civil no debe asumir una supremacía señorial sobre la Iglesia; porque “no hay otra cabeza de la Iglesia; sino el Señor Jesucristo”. (Cap. 25, secc. 6). No debe interferir con su gobierno interno; porque “el Señor Jesús, como rey y cabeza de su Iglesia, ha designado en él un gobierno en manos de los oficiales de la Iglesia, distinto del magistrado civil“; y “a estos oficiales [eclesiásticos] se les confían las llaves del reino de los cielos”. (Cap. 30, secc. 1, 2). No debe, como magistrado, sostenerse como juez público de religión verdadera o falsa, para dictar a sus súbditos en asuntos puramente religiosos; porque “pertenece a los sínodos y concilios ministerialmente determinar controversias de fe y casos de conciencia”, etc. (Cap. 31, secc. 3)”.

Robert Shaw, An Exposition of the Westminster Confession of Faith, págs. 316-317.

El Estado tiene control “sobre sus propios actos y dones”, como el apoyo y protección de la Iglesia y la promoción en el desempeño de su misión.

“Si la Iglesia ultraja su propia constitución, o subvierte cualquier artículo de su propio credo que haya sido ratificado por el Estado, el Estado tendría derecho a retirarle su aprobación y apoyo. Pero no tiene ningún derecho de control sobre el credo, la constitución o la jurisdicción que ésta no confiera. No son dones del Estado, excepto cuando se concede una supremacía erastiana; y no están necesaria ni legítimamente bajo el control del magistrado civil”.

William Balfour, Establishment Principle Defended, págs. 30-31.

Sin embargo, el magistrado civil puede convocar un sínodo y “disponer que todo lo que se haga en ellos sea conforme a la mente de Dios” (CFW 23:3; 2 Crón. 19:8). Si la Iglesia se corrompiera, el magistrado no debería tolerarla ni apoyarla, sino que debería asegurarse de que la Iglesia funcione bíblicamente y castigar los crímenes contra la primera tabla. Por otro lado, si el gobierno civil se corrompe e intenta entrometerse en los asuntos de la Iglesia, la Iglesia debería oponerse a él y suplicar al gobierno que haga su trabajo ordenado por Dios. Debe haber un equilibrio de poder, cuando uno se extravía, el otro lo trae de regreso y lo exhorta a cumplir con su deber, pero no lo hace por él. Debería haber jurisdicciones coordinadas de la Iglesia y el Estado con subordinación mutua. “Si Aarón hace un becerro de oro, ¿no puede Moisés castigarlo? Si Moisés se convierte en Acab y se vende a sí mismo para hacer el mal, ¿no deberían ochenta sacerdotes valientes y Aarón reprender, censurar y resistir? (Samuel Rutherford, Lex Rex, pág. 215).

“Los sínodos y concilios no deben tratar o concluir nada más que lo que es eclesiástico; y no deben inmiscuirse en los asuntos civiles que conciernen a la Nación, a menos que sea mediante humilde petición en casos extraordinarios; o como consejo, para satisfacción de conciencia, si así lo requiere el magistrado civil” (WCF 31: 5).

“Si bien nuestra Confesión denuncia cualquier interferencia erastiana del magistrado civil en asuntos puramente espirituales y eclesiásticos, no menos explícitamente rechaza todas las pretensiones papistas, por parte de los sínodos y concilios de la Iglesia, de entrometerse en los asuntos civiles, a menos que sea por medio de petición, en casos extraordinarios, o por vía de asesoramiento, cuando así lo requiera el magistrado civil. Nuestros reformadores parecen haber percibido claramente los límites propios de la jurisdicción civil y eclesiástica, y haber tenido mucho cuidado de que se los observara estrictamente. “El poder y la política eclesiástica”, dicen, “es diferente y distinto en su propia naturaleza de ese poder y política que se llama poder civil, y pertenece al gobierno civil de la Nación; si bien ambos son de Dios, y tienden a un fin, si se usan correctamente, es decir, para promover la gloria de Dios y tener súbditos piadosos y buenos”. “Debe procurarse, principalmente por parte del moderador, que en las Asambleas sólo se traten asuntos eclesiásticos y que no se inmiscuyan en nada perteneciente a la jurisdicción civil” (Libro Segundo de Disciplina (http://www.swrb.com/newslett/actualNLs/bod_ch04.htm), capítulos 1 y 7). La Iglesia y el Estado pueden cooperar en el avance de objetivos comunes a ambos; pero cada uno de ellos debe tener cuidado de actuar dentro de su propia esfera, el uno nunca se entromete en los asuntos que pertenecen propiamente al ámbito del otro “.

Robert Shaw, An Exposition of the Westminster Confession of Faith, pág. 398.

CONCLUSIÓN

En conclusión, vimos que los gobiernos civiles deben proporcionar una “morada hospitalaria para la iglesia”, que es una entidad institucional singular organizada por Jesucristo con una estructura política y católica específica. Además, vimos que el propio principio del establecimiento no es el erastianismo y no es una eclesiocracia y que “no es justo razonamiento, argumentar desde el abuso de cualquier cosa, en contra de su uso”. En nuestra próxima publicación demostraremos el principio de establecimiento de las muchas profecías de las Escrituras.

Disponible en inglés en: https://purelypresbyterian.com/2016/07/11/establishment-principle-1-what-it-is-what-it-isnt/

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