UN RESUMEN DEL TRATADO SOBRE EL GOBIERNO DE LA IGLESIA

Por: varios Ministros de Cristo en Londres.
En: The Divine Right of Church Government (Jus Divinum Regiminis Ecclesiastici)

Traducido por: Carlos J. Alarcón Q.

¿Qué se entiende por gobierno de la iglesia?

R. Es la forma y orden particular, que Cristo ha fijado en su Iglesia, para el adecuado manejo de esta.

¿Cómo parece que hay una forma particular de gobierno designada en la Iglesia del Nuevo Testamento?

R. Como hay una necesidad más grande de un gobierno en la Iglesia del Nuevo Testamento que en la del Antiguo, cuyas ordenanzas fueron descritas detalladamente. Satanás ahora tiene más experiencia en engañar, y sus agentes todavía están vivos, y están empleados muy activamente, para intentar desperdiciar y destruir esta viña sagrada, aunque no tenga la defensa adecuada. Sus miembros son todavía una mezcla de cizaña y trigo; de ovejas y cabras: de modo que todavía hay necesidad de discernir entre lo precioso y lo vil; de juzgar y censurar a los falsos maestros; y de proteger las ordenanzas divinas de desprecio y contaminación. Como Jesús le da a la Iglesia del Nuevo Testamento el título peculiar del reino de los cielos, no podía, en coherencia con su sabiduría, dejarla sin leyes o forma de gobierno en particular, dejando aparte las inclinaciones cambiantes de los hombres. Como fue fiel en su casa del Nuevo Testamento, debe fijar una forma particular de gobierno para ella, que tiende a su paz, orden y edificación espiritual. Y, en medio de la visión del profeta de la Iglesia del Nuevo Testamento, se le ordena enseñar a su pueblo la forma de la casa, las leyes, etc., (Ez. 43:11).

¿Cuándo se puede decir que una forma particular de gobierno de la iglesia es de derecho divino?

R. Cuando todas sus partes estén de acuerdo con los preceptos de las Escrituras; por ejemplos aprobados de las Escrituras; o son deducibles por consecuencias justas de las Escrituras.

¿Cómo parece que las consecuencias de las Escrituras deben admitirse para probar alguna verdad o doctrina en particular?

R. Porque Dios ha formado al hombre como una criatura racional e inteligente, capaz de buscar el sentido claro y la importancia, y también las consecuencias necesarias de sus declaraciones expresas. Encontramos a Cristo razonando por una deducción de consecuencias, cuando mostró que la doctrina de la resurrección le fue revelada a Moisés en la zarza ardiente; que el sexto mandamiento prohíbe las palabras airadas; y el séptimo la mirada lasciva (Lucas 20:37, 38; Mat. 5:21, 28). Y una gran parte de las epístolas inspiradas a los Romanos, Gálatas y Hebreos consiste en tal deducción de consecuencias. Y como se dice que toda la Escritura es útil “para enseñar, para redargüir, para corregir y para instruir en justicia” (2 Tim. 3:16), sin una deducción racional de las consecuencias, cada porción de la Escritura no puede responder a cada uno de estos valiosos fines.

¿Qué forma particular de gobierno eclesiástico puede reclamar un derecho divino apropiadamente, según las Sagradas Escrituras?

R. La verdadera forma presbiteriana sin el señorío y poder tiránico, que con demasiada frecuencia han ejercido los tribunales, que llevan este nombre. Este gobierno no reclama ningún poder sobre los cuerpos o propiedades de los hombres. No inflige daños civiles ni castigos corporales. Sino que es un gobierno puramente espiritual, que se ocupa de la conciencia de los hombres y ejerce las llaves del reino de los cielos, haciendo todas las cosas conforme a la palabra de Dios.

¿Cuáles son las partes del gobierno de la iglesia presbiteriana?

R. Consiste en un pueblo que tiene las calificaciones que requieren las Escrituras; de ciertos gobernantes, que han de desempeñar los deberes de sus respectivos cargos; y de ciertos tribunales, en los que estos gobernantes se sientan y actúan en asuntos de juicio.

¿Cuáles son las calificaciones de las personas que constituyen los miembros de la iglesia visible?

R. Deben ser verdaderos creyentes en Cristo, tener un conocimiento competente de las doctrinas del evangelio, hacer una sólida profesión de fe y mantener una conversación santa.

¿Qué gobernantes hay en la iglesia presbiteriana?

R. Ancianos predicadores (pastores), Ancianos gobernantes y Diáconos.

¿Dónde está la autorización divina para el anciano predicador (Pastor)?

R. En las Sagradas Escrituras encontramos que Dios ha puesto a algunos en la Iglesia, MAESTROS; que nuestro Redentor ascendido le ha dado PASTORES y MAESTROS; que el Espíritu Santo había hecho OBISPOS, SUPERVISORES, para alimentarla; y califica a algunos para profecía, ministerio, enseñanza, exhortación (1 Cor. 12:28; Ef. 4:11; Hechos 20:28; Rom. 12:6-8).

¿Cuáles son los deberes de los ancianos predicadores (Pastores)?

R. Predicar la palabra; dispensar las ordenanzas del bautismo y la Cena del Señor; administrar la disciplina de la iglesia; y gobernar la iglesia (2 Tim. 4:2; Mat. 28:19; 1 Cor. 11:23-29; 1 Tim. 5:20; Tito. 2:15; 3:10; Heb. 13:17; 1 Pedro 5:2, 3.

¿El oficio de ministro del evangelio ha sido instituido por Dios para continuar hasta el fin de los tiempos?

R. Si; sus fines son de naturaleza permanente, la conversión y confirmación de los elegidos y el silenciamiento de los engañadores (Hechos 26:18; Tito. 1:9, 11).

¿Dónde está la autorización divina para el cargo de anciano gobernante?

R. De los tres siguientes pasajes de la Sagrada Escritura: 1. De Rom. 12: 5-8: ‘así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros. De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría’. Aquí tenemos una lista de los oficiales ordinarios de Cristo, un cuerpo, la iglesia. Aquí está el maestro: el que enseña. Aquí está el pastor: el que exhorta. Aquí está el diácono: el que da. Y aquí hay otro oficial distinto de todos ellos, el que gobierna. Su descripción atestigua que el gobernar es, si no la única, su obra principal. El que gobierna está aquí marcado por un carácter distinto, por tener un don diferente y un trabajo distinto al de sus compañeros oficiales. Por tanto, este oficio debe ser distinto. 2. De 1 Cor. 12:28, donde el Espíritu de Dios nos informa, que Dios ha puesto a algunos en la Iglesia, LOS QUE ADMINISTRAN. Estos deben entenderse como gobernantes, como luego se explican los milagros de los obradores de milagros. Se dice que estos que administran y gobiernan se establecen en la iglesia, no en el estado; por Dios, no por los hombres: son declarados oficiales distintos por sí mismos. Su título, gobernante, implica que gobernar es su trabajo principal. 3. De 1 Tim. 5:17, donde la orden divina para los ancianos gobernantes brilla con un brillo más peculiar que en cualquier parte del libro de Dios: “Sean considerados dignos de doble honor los ancianos que gobiernan bien, especialmente los que trabajan en la palabra y la doctrina“. Los ancianos gobernantes aquí mencionados pertenecen necesariamente a la iglesia. Aquí se distinguen claramente dos clases de ancianos gobernantes: algunos que solo gobiernan bien; otros que también trabajan en palabra y doctrina. No hay un solo pasaje en el Nuevo Testamento, ni quizás en ningún autor griego, donde la palabra aquí traducida ESPECIALMENTE no distingue entre diferentes personas o cosas (Gál. 6:10; Fil. 4:22; 1 Tim. 4:10; 2 Tim. 4:13); y sería absurdo suponer que no distingue aquí también. Por lo tanto, este texto único muestra el derecho divino tanto del anciano predicador como del gobernante.

¿Cuáles son los deberes de los ancianos gobernantes?

R. Ejercer el gobierno eclesiástico en los tribunales de la iglesia con la misma autoridad que el anciano predicador; velar por el rebaño; imparcialmente recibir o excluir miembros; advertir y censurar a los rebeldes; y visitar y orar con los enfermos.

¿Dónde está la orden divina para los diáconos?

R. A partir de Hechos 6, donde se nos informa del original y diseño de su oficio; y de 1 Tim. 3:8-12, donde el apóstol inspirado describe sus requisitos necesarios.

¿Cuáles son los deberes de los diáconos?

R. Observar el estado y servir las mesas de los pobres, distribuyendo los fondos de la iglesia, de acuerdo con las respectivas necesidades de los santos (1 Tim. 3:12).

¿Cuáles son los tribunales en los que se reúnen los gobernantes presbiterianos?

R. Sesiones congregacionales (consistorio), presbiterios y sínodos.

¿Dónde está la autorización divina para las sesiones congregacionales?

R. De Mateo, 18:15-18, donde, en la forma cristiana de disciplina eclesiástica prescrita por la Cabeza de la Iglesia, la expresión final: “tenle por gentil y publicano“, alude claramente a la forma judía de proceder en los escándalos. Tenían gobernantes y, en consecuencia, tribunales en cada sinagoga o congregación de adoración (Mar. 5:35-39). En virtud de las cartas del sumo sacerdote a estos, Saulo tenía libre acceso para castigar a los cristianos en cada sinagoga, (Hechos 9:1, 2). A estos tribunales congregacionales les correspondía echar fuera de la sinagoga y ordenar que los transgresores fueran tenidos por gentiles y publicanos (Juan 9:22). Ahora bien, Jesús, al aludir a estos, da a entender que en todas las congregaciones cristianas deberían existir tribunales similares. En esta forma de disciplina, nuestro divino Salvador muestra su mayor aversión a que las ofensas privadas se publiquen innecesariamente hacia afuera: y, por lo tanto, la iglesia, a la que se debe contar la ofensa, después de que la amonestación privada es infructuosa, debe entenderse en el sentido más privado de la palabra. El siguiente contexto evidencia que es una iglesia, que puede consistir sólo de dos o tres reunidos en el nombre de Cristo; sin embargo, no obstante, una iglesia tiene poder para atar y desatar la censura; es decir, una iglesia que tiene las llaves del reino de los cielos. Entonces no puede ser toda la congregación o el cuerpo del pueblo, ya que en general son demasiado numerosos para ocultar las ofensas, y Cristo no les ha dado poder judicial formal (Mat. 18:18-21).

¿Dónde está la autorización divina para un presbiterio?

R. Se dice expresamente que Timoteo fue ordenado por la imposición de las manos del PRESBITERIO (1 Tim. 4:14). Y el número de diferentes congregaciones cristianas gobernadas por un presbiterio, como en Jerusalén, Antioquía, Éfeso y Corinto, prueba el derecho divino de esta corte. Se muestra en el capítulo 13 del tratado anterior, que en cada uno de estos lugares había más cristianos de los que podían reunirse en una congregación de adoración, para disfrutar de las ordenanzas públicas; y sin embargo, se dice expresamente que todas estas diferentes congregaciones en Jerusalén eran una sola iglesia (Hechos 8:1); así los de Antioquía, (Hechos 13:1); así, los de Éfeso (Hechos 20:17); y también los de Corinto (1 Cor. 1:2). Ahora la pregunta es, ¿Cómo eran las diferentes congregaciones en cada uno de estos lugares UNA IGLESIA? No meramente en unión a Cristo y afecto mutuo unos a otros; porque a este respecto todos los santos son UNO, ya sea en el cielo o en la tierra. Y, por lo tanto, son una iglesia en virtud del gobierno conjunto bajo UN PRESBITERIO. Y en casos difíciles, o cuando una sola congregación está tan dividida en contrapartes que no puede actuar con imparcialidad; donde la diferencia está entre el pastor y el pueblo, es necesario un tribunal superior para obtener justicia material.

¿Dónde está la autorización divina para un sínodo eclesiástico?

R. En Hechos 15 y 16, donde tenemos una causa referida; los miembros apropiados de un sínodo convocados; el poder ordinario e igual que ejercen todos esos miembros; el método ordinario de procedimiento en dichos tribunales; y los decretos judiciales dictados por el sínodo; junto con el efecto que su juicio, en este asunto, tuvo sobre las iglesias.

¿Cuál fue la causa referida a este sínodo?

R. La falsa doctrina propagada por algunos maestros judaizantes, que habían bajado de Jerusalén a Antioquía, y sostenían que la circuncisión y la observancia de otras ramas de la ley ceremonial seguían siendo necesarias para la salvación, por lo que subvirtieron a algunos y perturbaron a otros miembros de las iglesias allí. Después de muchas disputas infructuosas, se delegó en Pablo, Bernabé y otros para ir a Jerusalén a los apóstoles y ancianos sobre este asunto.

¿Quiénes eran los miembros idóneos del sínodo reunidos allí?

R. Los apóstoles y ancianos de Jerusalén; Pablo, Bernabé y otros, de Antioquía; y otros comisionados de las iglesias atribuladas a quienes se enviaron los decretos.

¿No se mencionan los hermanos, la iglesia, toda la iglesia allí, así como los apóstoles y ancianos?

R. Pero ninguna de estas expresiones puede significar que todos los miembros de la iglesia de Jerusalén estuvieron presentes o fueron juzgados en ese sínodo; porque las mujeres, miembros reales de la iglesia, de toda la iglesia, tienen expresamente prohibido hablar en la iglesia (1 Cor. 14:34). Iglesia a veces significa sólo una pequeña parte de la iglesia, ya sea como delegados o comisionados, y en este sentido se usa en el versículo 3, donde se dice que los comisionados de Antioquía son traídos por la iglesia; y en el cap. 18:22, se dice que Pablo saludó a la iglesia en Jerusalén. Ahora bien, no es creíble que todos los profesantes cristianos de Antioquía asistirían a sus comisionados en parte del camino a Jerusalén; o que Pablo saludó a los muchos diez mil cristianos en Jerusalén (Hechos 21:20). Y toda la iglesia no significa necesariamente todos los miembros individuales de la iglesia, más que todo el mundo mencionado (1 Juan 2:2), signifique todas las personas del mundo. Si alguno, para apoyar una opinión favorita, todavía insistirá en que todos los miembros de la iglesia realmente se reunieron y juzgaron sobre este asunto por igual con los apóstoles y los ancianos, pueden informarnos dónde obtuvieron un lugar adecuado para que tantos jueces razonaran y juzgaran con distinción u orden. Que los hermanos que se unieron en juicio con los apóstoles y ancianos no eran personas privadas, sino delegados de las iglesias atribuladas alrededor, aparece de Judas y Silas, dos de ellos predicadores (v. 32).

¿Cómo parece que el poder de todos los miembros fuera ordinario e igual?

R. Como todos los miembros, inspirados o no, actuaron por igual en todo el asunto que se les presentó. Pablo y Bernabé fueron delegados por la iglesia de Antioquía: y los ancianos, que se reunieron, tenían el mismo poder que los apóstoles. A los ancianos, a la enseñanza o al gobierno, así como a los apóstoles, se les remitió el asunto: ambos se reunieron para considerarlo: ambos estaban igualmente preocupados en la decisión, diciendo: Nos pareció bien al Espíritu Santo y a nosotros. Los ancianos, así como los apóstoles, impusieron las cosas necesarias sobre las iglesias y determinaron con autoridad los decretos. En nombre de los ancianos, así como de los apóstoles, se escribieron a las iglesias las cartas de la reunión que contenían su decisión. Y la única razón por la que los miembros inspirados se pusieron en pie de igualdad con los demás fue para exhibir un patrón para las generaciones posteriores.

¿Cómo parece que este sínodo siguió el método ordinario de procedimiento en tales tribunales?

R. Mientras examinaban la causa con mucho razonamiento y disputa. Como consecuencia de una deliberación madura, decidieron la cuestión y enviaron cartas con sus decretos, por mensajeros adecuados, a las iglesias interesadas. En su disputa, razonaron a partir de los oráculos de Dios: en estos fundaron su decisión; y por eso en él dicen: Ha parecido bien al Espíritu Santo ya nosotros. Y si esto no hubiera dado un patrón a las generaciones posteriores, todo esto sería innecesario: ¡qué absurdo para los hombres inspirados razonar y discutir sobre el tema, cuando la sentencia de uno inspirado era suficiente para tomar una decisión!

¿Cómo parece que hubo decretos judiciales dictados por este sínodo?

R. En oposición a la falsa doctrina enseñada, ellos, mediante una decisión judicial, declararon claramente que la obediencia a las ceremonias de la ley de Moisés ya no era necesaria; y por un decreto para promover la decencia y el buen orden, promulgaron que, para evitar ofensa, los gentiles creyentes deben abstenerse de fornicación, de cosas estranguladas y de sangre, (Hechos 15:24-29).

¿Qué efecto tuvo la decisión de este sínodo sobre las iglesias?

R. Se sometieron alegremente a estos decretos, y por ellos fueron conformados en la fe, consolados de corazón y aumentados en número diariamente (Hechos 15:31 y 16:4, 5).

Pero ¿no sería ésta una reunión meramente de consulta y su decisión un mero consejo?

R. No: porque cada palabra aquí usada implica autoridad. La palabra traducida poner, comúnmente significa una imposición autorizada, (Mat. 23:4). La decisión se denomina expresamente carga necesaria, y se ordenan decretos, que implican poder y autoridad (Hechos 15:16, 17:7).

¿Cómo parece que los tribunales inferiores están subordinados a los superiores? ¿sesiones a presbiterios y presbiterios a sínodos?

R. La verdadera luz de la naturaleza (que, según se ha demostrado, en el capítulo 3, Es una de esas formas en las que una cosa es de derecho divino) nos enseña que, si nos perjudica un tribunal inferior, podemos apelar a un tribunal superior para reparación, si lo hubiera. Como en la iglesia judía, evidentemente había una subordinación de los jueces, para que los heridos en la sinagoga pudieran apelar al Sanedrín (Deut. 17:8, 12; 2 Crón. 19:8, 11; Éx.o 18:22, 26; Sal. 122:5): por tanto, como nuestros peligros, dificultades y necesidades son tan grandes como las de ellos, a causa de los falsos maestros y de las doctrinas corruptas, que fueron predichas aparecerían en los últimos tiempos (1 Tim. 4:1; 2 Pedro 2:1); No podemos, sin deshonrar a Cristo, suponer que él nos privaría de un remedio adecuado para reparar nuestros agravios, que les fue otorgado a ellos: —el avance gradual en el manejo de las ofensas prescrito por Cristo mismo (Mat. 18:19), ya que su cuidado por toda la iglesia no puede ser menor que por un solo miembro. Entonces, si un tribunal inferior nos ofende o nos hiere, debemos llevar el asunto a otro que tenga más influencia y autoridad. Si el juez ofensor no escucha esto, debemos contar la ofensa a la iglesia en el sentido más elevado, para que se obtenga reparación; el apóstol Pablo declara que los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas. Pero el derecho de referencia o apelación de un tribunal inferior a un tribunal superior se evidencia más claramente en el caso del presbiterio de Antioquía, con respecto a la circuncisión, siendo remitido para decisión al sínodo de Jerusalén, y su fácil sometimiento a su determinación (Hechos 15).

¿Cómo parece ser que no hay poder de autoridad alojado en el cuerpo del pueblo, los miembros privados de la iglesia?

R. Aunque cada miembro de la iglesia tiene derecho a todos los privilegios espirituales adquiridos con la sangre del Salvador y dados a la iglesia, según lo requiera la necesidad; aunque tiene derecho a probar los espíritus y a probar todas las cosas por la palabra de Dios; un poder para elegir a los oficiales de la iglesia que inmediatamente los gobernarán; sin embargo, las Sagradas Escrituras no permiten el ejercicio de ningún poder oficial a los miembros privados de la iglesia. No el pueblo cristiano, sino sus pastores tienen poder para predicar el evangelio (Rom. 10:15); y para administrar los sacramentos, esos misterios de Dios, que están relacionados con la predicación (1 Cor. 4:1; Mat. 28:19). No el pueblo, sino sus gobernantes, están garantizados divinamente. Timoteo fue ordenado, no por el pueblo, sino por el presbiterio: ancianos, no por el pueblo, sino por Pablo y Bernabé; y diáconos, no por el pueblo, sino por los apóstoles (1 Tim. 4:4; Hechos 14:23 y 6:3, 6. No el pueblo, sino sus gobernantes deben censurar al escandaloso y absolver al penitente (Mat. 18:18; 1 Cor. 5). La Escritura en ninguna parte atribuye a la gente ningún carácter que implique autoridad alojada en ellos; sino al contrario. En lugar de ser llamados pastores, se les llama rebaño, vigilado y alimentado; en lugar de supervisores, la familia supervisada; en lugar de gobernantes, guías, gobernadores, se les llama el cuerpo gobernado, las personas sometidas en el Señor, y están solemnemente encargados de conocer, honrar, obedecer y someterse a sus superiores.

¿Cuál es el método adecuado para tratar con personas que caen en escándalo?

R. Si la ofensa es conocida solo por uno o pocos, se le debe informar al ofensor su falta en secreto, con mansedumbre, sencillez y amor cristiano. Si profesa su dolor y su resolución de enmendarse, todo el asunto debe ocultarse cuidadosamente; y los ofendidos deberían estar muy complacidos de que su hermano ofensor haya sido ganado. Si, después de una o más reprensiones secretas, continúa impenitente, defendiendo su falta, uno o dos hermanos cristianos más, serios, juiciosos y mansos, serán llevados consigo, y el ofensor será tratado por ellos, y en su presencia. Si ahora parece arrepentirse, las diversas personas involucradas en su reprensión deben, con cuidado y amor, ocultar su ofensa, no sea que, al divulgarla, sean reprochados como malvados calumniadores. Si el ofensor desprecia una o más de tales amonestaciones o reproches privados, o si su escándalo es de tal naturaleza que necesariamente se hará público, el asunto debe ser informado al tribunal de la iglesia, al cual está sujeto más inmediatamente. Y, para que tenga el debido sentido de su falta, debe ser tratado allí de una manera prudente, afectuosa, sencilla y convincente. Si esto resulta ser un medio de hacerle comprender su ofensa, las censuras de la iglesia deben ser ejecutadas sobre él de acuerdo con las leyes de la casa de Cristo y la naturaleza de su crimen, y debe ser restaurado a los privilegios. de la Iglesia. Pero si, después de los debidos esfuerzos realizados por los jueces, permanece obstinado, entonces será expulsado de la iglesia y considerado como un gentil y publicano (Mat. 18:15 a 18).

Un comentario el “UN RESUMEN DEL TRATADO SOBRE EL GOBIERNO DE LA IGLESIA

  1. Excelente artículo me ha ilustrado significativamente.
    Lo leeré tanto como sea necesario para comprenderlo y meditarlo.

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