LOS DOS REINOS CONFESIONALES

Por: Paul Barth
Traducido al español por: Angelo Estartus C.

La doctrina de los dos reinos es a menudo confundida como una distinción entre la iglesia y el estado, pero este no es el caso. Si bien el reinado de Cristo sobre todas las cosas en poder y sobre su iglesia en gracia sí se relacionan con las instituciones de la iglesia y el magistrado civil, el reino de poder no es en sí mismo una referencia a la institución del magistrado civil. El magistrado civil encuentra su origen en las leyes secundarias de la naturaleza que surgen del quinto mandamiento, mientras la iglesia encuentra su origen en la institución positiva del Mediador en el pacto de gracia.

…un reino doble de Jesucristo: uno, ya que él es el Hijo eterno de Dios, reinando junto con el Padre y el Espíritu Santo sobre todas las cosas; y entonces el magistrado es su vice regente, y ocupa su cargo de y debajo de Él; y otro, como Mediador y Cabeza de la iglesia, y así el magistrado no tiene esta función de y bajo Cristo como su vice regente.

George Gillespie, Aaron’s Rod Blossoming, pg. 90.

La Teología Reformada ha entendido históricamente que Cristo tiene dos reinos, el reino de Su poder (regnum potentiae) y el reino de gracia (regnum gratiae), no como dos reinos dispares sino como una distinción en la forma de ejercer Su gobierno. El reino de poder de Cristo es su gobierno sobre todas las cosas en la providencia, las cuales son: “su santa, sabia y poderosa preservación, y gobierno de todas sus criaturas, a las cuales ordena así como a todas las acciones de ellas, para su propia gloria.” (Catecismo Mayor de Westminster, p. 18). El reino de gracia es la especial mediación de Cristo que ejerce sobre Su iglesia “Como Dios no necesitaba recibir un reino, sino como mediador, su Padre le regaló un reino para él y todos sus herederos.” (Catecismo de Rutherford pg. 37).

A veces un tercer reino es identificado, el reino de gloria (regnum gloriae). Sin embargo, el reino de gloria es esencialmente el reino de gracia consumado (Mateo 25:34). El cual tomará lugar en Su segunda venida; “que venga pronto el reino de gloria” (Catecismo Menor de Westminster, p. 102). Comparado con “que apresure su segunda venida y nuestro reinado con él para siempre” (Catecismo Mayor de Westminster, p. 191). Los reinos de gracia y gloria “no son reinos tan diferentes, como estados diferentes en el mismo reino: según la máxima común, la gracia es gloria comenzada, y la gloria es gracia consumada, o en perfección” (Fisher’s Catechism, Second Petition, Q. 13).

EL REINO DE GRACIA

Pero yo he puesto mi rey Sobre Sion, mi santo monte (Sal. 2:6); y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. (Lc. 1:33); Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre (Ap. 3:7; cf. Is. 22:22); Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra (Mt. 6:10).

El Catecismo Mayor de Westminster entra en más detalles sobre qué es el reino de gracia y cómo debemos orar por su avance:

191. ¿Qué pedimos en la segunda petición?

R. En la segunda petición (que dice: Venga tu reino), reconociendo que nosotros y toda la humanidad estamos por naturaleza bajo el dominio del pecado y de Satanás, pedimos que el reino del pecado y de Satanás, sea destruido, y el evangelio propagado por todo el mundo, que los judíos sean llamados, y se cumpla la plenitud de los gentiles; que la iglesia sea dotada de todos los oficiales y ordenanzas del evangelio, purgada de la corrupción, protegida y sostenida por autoridad civil: que las ordenanzas de Cristo sean administradas con pureza, y sean eficaces para la conversión de aquellos que aún están en sus pecados y para confirmar, confortar y edificar a los ya convertidos; que Cristo gobierne aquí en nuestro corazón, que apresure su segunda venida y nuestro reinado con él para siempre y que a él le plazca ejercer el reinado de su poder en todo el mundo, según conduzca mejor a aquellos fines.

Catecismo Mayor de Westminster, p. 191.

Entonces vemos que Cristo gobierna su reino de gracia no sólo como Señor y Salvador de los escogidos, sino también, en las ordenanzas, adoración y gobierno que Él ha instituido para la iglesia visible “dándole oficiales, leyes, censuras, por las cuales cosas Él gobierna de una manera visible” (Catecismo Mayor de Westminster, p. 45); “La iglesia visible… es el reino del Señor Jesucristo” (Confesión de fe de Westminster, 25:2). La distinción entre la iglesia visible y la invisible es una que se encuentra dentro del contexto del reino de la gracia; esta debe ser vista “ya sea en dispensación externa, o en operación interna” (Fisher’s Catechism, Second Petition, Q. 14) En la segunda venida, el reino de la gracia/gloria llegará a su fin cuando Cristo entregue el reino al Padre: “Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia.” (1 Co. 15:24).

Nada puede detener el evangelio y la expansión de la iglesia “y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.” (Mt. 16:18); la salvación de los Judíos “y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, Que apartará de Jacob la impiedad. Y este será mi pacto con ellos, Cuando yo quite sus pecados.” (Ro. 11:26-27); la plenitud de los gentiles “Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” (Mt. 28:18-20); y la destrucción del pecado y Satanás “Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte.” (Ap. 12:10-11).

Muchas personas se engañan al pensar que el progreso general de la civilización humana, la educación y la cultura, la ciencia y la invención, y el progreso y la organización económica y social pueden restringir o destruir el reino de Satanás. Todas estas cosas pueden encajar tanto con el reino de Satanás como con el reino de Dios. Sólo el evangelio de Cristo, por el poder del Espíritu Santo, realmente destruye el reino de Satanás.

J.G. Vos, Commentary on WLC 191, pg. 551.

El evangelio de Cristo, por el poder del Espíritu Santo, avanza a través de la iglesia visible. Cuando iglesias son plantadas y el evangelio es predicado, cuando los sacramentos son correctamente administrados, y la adoración a Dios pública y privada es mantenida pura, cuando la herejía y los pecados no arrepentidos son disciplinados acorde al gobierno que Cristo ha establecido, y cuando Cristo es sometido en todas las cosas como la Cabeza de la Iglesia, Su reino avanza. El Directorio para la Adoración Pública de Dios (De los estándares de Westminster) nos exhorta a orar particularmente “por la iglesia y el reino del cual somos miembros, porque Dios establezca la paz y la verdad, la pureza de todas sus ordenanzas y el poder de la piedad; prevenir y eliminar la herejía, el cisma, la blasfemia, la superstición, la seguridad y la falta de fruto bajo los medios de la gracia; sanar todos nuestras divisiones, y preservarnos del quebrantamiento de nuestro Pacto Solemne.

EL REINO DE PODER

Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten (Col. 1:16-17).

¿Qué es el reino de poder de Cristo?

La mano del poder de Cristo que entra y soporta todo el marco de la naturaleza se tambalea y la hace caer a la nada por el pecado de Adán (Col. 1:17; He. 1:2).

Rutherford’s Catechism, pg. 37

Contrario a la noción común de que Cristo solo gobierna sobre la iglesia, John Owen explica:

Algunos tienden a imaginar, que el poder real de Cristo hacia la iglesia consiste solo en un gobierno externo por el Evangelio y sus leyes, requiriendo obediencia a los oficiales y gobernantes que él ha designado allí. Esto es verdad, que esto también pertenece a su poder y gobierno real; pero suponer que consiste únicamente en eso, es una ebullición de la fuente venenosa de la negación de su persona divina. Porque si él no es Dios sobre todo, cualquiera que sea la palabra que se le pueda pretender o atribuir, Él no es capaz de ninguna otra regla o poder. Pero, de hecho, ningún acto de su oficio real puede ser concebido o reconocido correctamente, sin un respeto hacia su persona divina…

Porque este poder sobre toda la creación no es solo un derecho moral para dirigirlo y gobernarlo; sino que también está acompañado de virtud, fuerza o poder superior, para actuar, ordenar y disponer de él a su gusto. Así lo describe el apóstol del salmista, Heb. 1:10-12, “Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra, Y los cielos son obra de tus manos. Ellos perecerán, mas tú permaneces; Y todos ellos se envejecerán como una vestidura, Y como un vestido los envolverás, y serán mudados; Pero tú eres el mismo, Y tus años no acabarán.”

Christologia, ch. vii.

Cristo, como el eterno Hijo de Dios y Creador de todas las cosas, siempre ha sido “quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder” (Heb. 1:3), “y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?” (Dn. 4:35). Él ha preordenado todo lo que sucede y tiene autoridad y control absolutos, y humanamente hablando, incluso sobre los eventos aleatorios más insignificantes: “La suerte se echa en el regazo; Mas de Jehová es la decisión de ella.” (Sal. 16:33)

Existe cierto debate sobre cómo hablar de Cristo como gobernante y reinante, como Él siendo el Hijo eterno de Dios solamente o si también gobierna el reino de poder como Mediador. Los escritores anteriores, en gran parte debido a la amenaza del Erastianismo, preferirían referirse a Su gobierno y reinado sobre todas las cosas (reino de poder) solamente como Él es Dios y no como Él es el Mediador. Sin embargo, todos concuerdan que el gobierno y reinado del Hijo de Dios sobre todas las cosas (reino de poder) sirve al bien de Su gobierno y reinado sobre Su Iglesia (reino de gracia). Cristo usa el reino de su poder para, providencialmente, expandir su reino de gracia. Su ser dado a gobernar sobre las naciones (Sal. 2) muestra que las naciones como naciones serán unidas a la iglesia visible (Sal. 22:27-28) así como las familias como familias son unidas a la iglesia visible (Gn. 18:19; Hch. 16:31) sin cambiar la naturaleza del gobierno de Cristo.

Después de explicar los detalles del reino de gracia, el catecismo nos amonesta a orar “que a él le plazca ejercer el reinado de su poder en todo el mundo, según conduzca mejor a aquellos fines.” como J.G. Vos explica,

Nosotros oramos por la extensión y la continuación del reino de gracia, el apresuramiento del reino de gloria, y el éxito del reino de poder para sus fines designados. Tenga en cuenta que el reino del poder no es un fin en sí mismo, sino un medio para el avance del reino de la gracia y la aceleración del reino de la gloria.

Commentary on WLC 191, pg. 557.

Parte de la ejecución de Cristo del oficio de Rey es “restringir y vencer a todos sus enemigos [que también son de la iglesia], y ordenar poderosamente todas las cosas para su propia gloria, y para el bien de ellos, y asimismo en tomar venganza en los que no conocen a Dios ni obedecen al evangelio.” (Catecismo Mayor de Westminster, 45). Cristo no actúa como Mediador sobre Sus enemigos (A no ser que Él elija salvarlos y traerlos a su reino de gracia), sino que Él ejerce Su poder real sobre Sus enemigos (Sal. 110:5-7). Las naciones son la “herencia” de Cristo y están obligadas a “servir al Señor con temor” y a “honrad al Hijo” para que Él no “los desmenuce, como a vasija de alfarero” (Sal. 2). “Porque la nación o el reino que no te sirviere perecerá, y del todo será asolado.” (Is. 60:12). Los desastres naturales (Sal. 46:8), guerras (Is. 10:5-6), hambruna y pestilencia (Jer. 14:11-2), que la gente sea entregada a su pecado (Ro. 1:18-32), etc. Cristo tiene el control sobre todas estas cosas y las usa acorde al consejo de Su voluntad y Su perfecto tiempo para hacer que la gente se arrepienta (2 Cr. 7:13-14) llevándolos así al reino de la gracia, o para eliminar a los impíos de la faz de la tierra (Lc. 17:26-37).

En el ejercicio de su oficio regio, gobierna todos los eventos providenciales y revoluciones para promover la gloria y el triunfo definitivos de su reino.

Archibald Alexander, A Compend of Bible Truth, pg. 94.

Matthew Henry, en su comentario sobre Ef. 1:22 igualmente señala que Cristo fue levantado de la muerte y está sentado a la diestra del Padre “sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia” significa que usa su reino de poder para el bien y el avance especial de la Iglesia:

…se le confía todo el poder, es decir, que puede disponer de todos los asuntos del reino providencial en sumisión a los designios de su gracia con respecto a la iglesia.

George Gillespie también reconoce el reino de poder en relación con el reino de gracia en este pasaje:

Ef. 1:21-23… de acuerdo con ese texto, claramente posee una doble supremacía de Jesucristo: una sobre todas las cosas, otra en referencia a la iglesia solamente, que es su cuerpo, su plenitud, y de quién solo Él es Cabeza.

Aaron’s Rod Blossoming, pg. 93.

LA MAGISTRATURA EN EL REINO DE PODER

Adicionalmente el Catecismo Mayor de Westminster en la Pregunta 191 dice que el magistrado civil debe sostener y proteger la iglesia visible, y la confesión igualmente enseña que el magistrado tiene la autoridad y el deber de asegurar “que la unidad y la paz sean preservadas en la iglesia, para que la verdad de Dios se conserve pura y completa; para suprimir todas las herejías y blasfemias; para impedir o para reformar todas las corrupciones y abusos en la adoración y disciplina y para que todas las ordenanzas de Dios sean debidamente establecidas, administradas y cumplidas” así como el poder de llamar sínodos. (Confesión de fe de Westminster, 23:3)

El magistrado tiene deberes para con la ley moral de Dios, ya que él es un hombre que está bajo ella, independientemente de si es cristiano y miembro del pacto de la gracia. La aplicación de sanciones no se trata de la redención, sino de la justicia. Además, la teología de los dos reinos refuerza la necesidad del establecimiento de la religión. El magistrado no  sólo tiene deberes para con Dios como Creador, sino que, según el Nuevo Testamento, tiene el deber de someterse al gobierno mediatorial de Cristo al establecer la Iglesia (Sal. 33:12) y al pacto con Dios para promover el reino de gracia como un padre lactante (Is. 49:23; 60:16). Esto significa traer la nación a la iglesia, que es el reino de la gracia, al reconocer la iglesia católica visible dentro de sus fronteras. Por eso, un establecimiento genérico y trinitario es insuficiente. El magistrado debe reconocer a la Iglesia visible como una institución, no simplemente proteger una realidad invisible.

El propósito de Dios es establecer un reino y demoler el otro, no solo en los corazones de hombres particulares, sino también en reinos, naciones y sociedades públicas. Jesucristo fue designado para ser no sólo “rey de los santos” (Ap. 15:3), sino “rey de las naciones” (Jer. 10:7); y, por lo tanto, no solo para erigirse en un trono y un gobierno en los corazones de su pueblo, sino también para que Su religión sea propiedad y esté respaldada por naciones y reinos y sociedades públicas de hombres.

Thomas Manton, Sermon on Joshua 6:26, Works, Vol. 18, pg. 34.

“Bramaron las naciones, titubearon los reinos;
Dio él su voz, se derritió la tierra.
Jehová de los ejércitos está con nosotros;
Nuestro refugio es el Dios de Jacob. Selah
Venid, ved las obras de Jehová,
Que ha puesto asolamientos en la tierra.
Que hace cesar las guerras hasta los fines de la tierra.
Que quiebra el arco, corta la lanza, Y quema los carros en el fuego.
Estad quietos, y conoced que yo soy Dios;
Seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra.
Jehová de los ejércitos está con nosotros;
Nuestro refugio es el Dios de Jacob. Selah”

(Salmo 46:6-11)

Disponible en inglés en: https://purelypresbyterian.com/2015/07/17/confessional_two_kingdoms/

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